Giren… que primero entre la cabeza… Así son los sueños desconocidos, soñé que decías; pero quien dormía eras tú, recordando quizá lo que nunca dijiste porque ya no eras quien por ti hablaba, sino nuestro pensamiento.
Aún no lo sabía, y tal vez nunca lo supe; desde allá gimoteos, ¿por qué no me dijeron antes?, y el terruño se plegó entre páginas de invenciones y fantasías, de guerras en y contra el tiempo; manos sobre tu palidez, y una conversación de ti en torno a ti, contigo. Un ayer en hoy, nadie habló frente a mí; la sospecha nació, y sólo la confirmé con aquel abrazo tuyo, en silencio. ¿Y si le lees este libro?, estos días no dejaba de leerlo. Fue un obsequio mío… ¿Quién es tu autor favorito?, pregunté, y el borbollón de tu pasión, de tu vocación afloró desde tu voz; por fin, las corrientes revelaron aquella isla y, dentro de ella, a un hombre que, declaraste, era real y maravilloso. Respirabas frente al aliento del libro; a medio relato, llegó una de tantas amistades, y vi en su mirada sobre ti una charla más allá de nuestra presencia. Comadre… Y el tiempo desplegó en su guerra las páginas entre tu tierra y la tierra; comprendí el sentido del relato, y omití el final con un portazo entre ambos mundos.
Mirada perdida. Sentados en los sillones, distrayéndonos, dejando el pensamiento a un lado por un rato; de reojo percibí tu atención. Comprendiste que te observaba, y sonreíste. Hola… saludaste; correspondí el saludo y la sonrisa. Un torrente contenido, unido a tu respiración; mar embotellado. Y te replegaste en tu náufraga mirada, regresando a la penumbra de la distracción. Mi pensamiento, vuelto en sí, tardó en abandonarse; seguí observándonos desde dentro. Aquel abrazo tuyo, en silencio; volviste de allá, acompañada. Los rostros se evitaron, y caminó cada quién a su propia lejanía.
Ida y vuelta ida y vuelta y vuelta, de aquí para allá allá allá, paso tras paso traspaso traspaso… ¿lo notas?, las aguas cada vez más calmadas, la marea de aquí para allá allá allá… y pasaba de la sala al comedor a la cocina al comedor a la sala ¿Lo notan?, les pregunté, y sus cuerpos cabizbajos, sus ojos navegando en tu superficie, tu faz pelágica, dentro de tu habitación, esa habitación que evité caminando de la sala al comedor a la cocina al comedor a la sala, hasta que noté que tu envoltorio perdió más color, que tu extensión se hacía llana, que los golpes de la marea contra las rocas se quedaron sin luna. Me platicas sobre tu autor favorito y los recuerdos flotan en tu semblante mientras lo haces mientras sueño que sueñas entre tu tierra y la tierra.
… que primero entre la cabeza…
… Así son los sueños desconocidos, lugares sin lugar donde nos veremos o creeremos que nos vemos y hablamos lo que nunca hablamos y somos aunque imaginemos que somos, pues de aquí para allá hay tanto y tan poco trecho, soñaste que decía; pero quien dormía era yo, porque soñé que seguías viva.